Hace poco lo hablaba con mi amigo Ramón.
Davo se ha echado novia y su primer viaje de pareja ha sido a la Barcelona Games World.
Dentro de la conversación debatimos sobre lo inherente a nuestra generación que era ese viaje.
Y pensábamos: quizás nuestros abuelos se iban a la capital a visitar equis museo.
Y pensábamos también en el fenómeno de los videojuegos como algo muy millennial (lógicamente) e intransferible a otras generaciones.

Bien, toda nuestra teoría se ha ido al traste tras conocer esta noticia: este matrimonio lleva 18 años jugando al Mario Kart para determinar a quién le toca hacer el té.

Así lo hacía saber un hijo (esto es algo impreciso porque todos somos hijos), que contó en Reddit la historia de sus padres.
En 1999, ellos le regalaron la Nintendo 64.
Una consola que resultó ser un regalo boomerang, porque en 2001 ya empezaron a usarla más que el hijo.
Y desde entonces no han parado.

Lous Hvejsel Borj, así se llama el hijo, contaba también que la mecánica de decisión es la siguiente: una partida de Grand Prix y una batalla al mejor de tres.
El perdedor hace el té; el ganador se queda en el sofá.

Lógicamente, después de tantos años, se las saben todas.
Todos los trucos y todos los atajos (aunque se comprometen a no usarlos).
Y también tienen sus fetiches.
El padre, por ejemplo, siempre elige a Toad.
Mientras que la madre usa a Wario para el modo batalla y a Yoshi para el Grand Prix.

Quienes lo calificaron de invent se han llevado un buen zasca (no puede haber una frase mas millennial que la que precede a este paréntesis).
Y es que, Bork adjuntó una foto que subió a Instagram de 2014.
En la foto salen sus padres en el fragor de la batalla tetera.

 

Fuente: Noddus Trends >> lea el artículo original